Mostrando entradas con la etiqueta Tenemos la Batuta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tenemos la Batuta. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de enero de 2008

Las Secuelas de Wena Naty: Escandalización Exagerada

Por Alejandro González

asdasd.jpgLa promiscuidad adolescente se ha convertido, más que en una presunta problemática social, en un sustento informativo imprescindible para los medios de comunicación, quienes han explotado toda esta batahola de acontecimientos indecorosos para la juventud chilensis de una manera exagerada. A partir de esto, la sobredimensión de estos hechos ha provocado un estado sicológico de falacia aguda en todo aquel periodista y comunicador que se afana en escribir, comentar o informar sobre esta cuestión que subyuga -supuestamente- de manera inconmensurable a nuestra juventud, dándose ellos la licencia de criticar y descuerar a diestra y siniestra nuestras actitudes, sin ser testigos presenciales de aquella realidad que afecta directamente a nosotros, los jóvenes.

La aparición de una adolescente llevando a cabo un fellatio en plena vía pública no debía ser en vano. Cumpliendo con esta premisa, la televisión se sirvió con un tema extemporáneo e improcedente, desarrollando, debatiendo e inventando, de esta manera, aristas insospechadas para lo que sería el curso de esta noticia que caló en lo más profundo de nuestra retina, siendo que, a estas alturas, acaecimientos como éste ya no deberían sorprendernos.

Y prueba de que el enterarse de que en la “edad del pavo” no éramos tan “pavos”, es un especial de prensa emitido meses atrás en Chilevisión llamado: “Juegos Sexuales. La otra revolución pingüina”, se abordó la realidad sexual de la juventud en nuestro país. Así, fuera de todo detalle, su contenido se pudo resumir en la evidente y sublime capacidad sexológica de esta desenfrenada mocedad enfrascada en la búsqueda de la copulación y sus bondades que ni el mejor actor porno del planeta podría superar.

La búsqueda de una explicación a esta actitud generalizada en los jóvenes chilenos no debería resultar tan engorrosa y es porque sus antecedentes son claros y evidentes. Basta con evocar un tapaboca para muchos padres que se alborotan más de la cuenta con la pérdida de valores y moral de sus hijos, que es: la falta de comunicación con sus retoños. Claro está, que una familia que no toma en cuenta a su hijo no puede esperar a que éste pueda surgir por sí mismo, mas bien, tendrá que asumir que él buscará lo que no le dio su familia en la calle, fuera de su casa y lejos de aquellos que lo menosprecian, y en varios casos, que lo repudian.

En ese preciso momento es cuando la sabia tésis de Jean Jaques Rousseau: “El hombre nace naturalmente bueno, es la sociedad que lo corrompe”, toma mayor fuerza, ya que, el entorno con el que se encontrará en su búsqueda de desahogo emocional contiene todo aquello que repercutirá más adelante en su comportamiento, desembocando así, en todos aquellos problemas en que se ven envueltos los jóvenes actualmente, como por ejemplo: su precoz entrada al mundo del sexo, las drogas y el alcohol.

Si bien es cierto, es legítimamente rescatable el hecho de que un canal de televisión dedique tiempo para éste tema, el objetivo al que estaba centrado el reportaje de Chilevisión resultó ser ambiguo, poco trascendente y carente de sentido, ya que, si bien se quiso matizar la sustantividad lozana de la pubertad reflejada en los jóvenes de hoy, se derivó en una cínica e hipócrita crítica hacia los estatutos vigentes sobre la educación sexual en Chile, siendo que el germen de tanta degeneración se encuentra justamente en esos mismos medios televisivos que muestran tetas, potos y softcore a horarios no aptos para menores.

Sin embargo, a pesar de su evidente complicidad, se las dan de mojigatos, escandalizando de manera excesiva e innecesaria a la opinión pública sobre acontecimientos que de verdad, para nuestra juventud en general, no tienen nada del otro mundo. Esto último no es una manifestación conservadora ni nada por el estilo, pero, seamos claros, si un medio de televisión se escandaliza por algo tan inocuo en nuestra realidad juvenil, el enterarme de que a la Luli, a Adriana Barrientos y a la Marlen Olivarí les gusta el lolly, me provocaría un serio infarto al miocardio dejándome nefastas secuelas.

Nadie dijo que era necesario tratar el tema como si fuera la raíz de todos los problemas, como si este fenómeno nunca se hubiera dado, o bien, como si esta situación fuera algo que se extiende en la totalidad de toda una generación, sin embargo, yo les digo: no nos creamos el cuento de santos puritanos, el sexo a nuestra edad es un tema zanjado, asumido y aceptado en nuestro entorno social más cercano, y si al papito y a la mamita le dan arcadas al escuchar sobre lo libertina y precoz que está esta juventud, que no se vengan a quejar a sabiendas que nunca se sentaron a hablar con sus hijos sobre todo lo que implica el ser adolescente en esta desenfrenados y acelerados tiempos.

martes, 25 de diciembre de 2007

La generación perdida

Por Alejandro González

Una generación carente de identidad, una generación decadente, una generación plagada de modas ridí­culas sin sentido, y una búsqueda innecesaria de referentes que marquen la pauta de su moda. Si, así­ se determina esta camada de jóvenes, hijos de la nueva y supuesta democracia que viven acomodadamente en un paí­s ya consagrado socialmente. Antecedente directo de un conflicto socio-polí­tico ya sanjado y sin mayores problemáticas que provocan la ausencia de una verdadera bandera de lucha que los marque tal como lo hizo la juventud hippie en los 70 o el ideario polí­tico durante los 80.

Tengo 17 años y me considero parte del 0.99 % de jóvenes que no son parte de la masa y por consiguiente, prefiero excluirme de esta generación, porque realmente me da pena sentir que gran mayorí­a de mis parientes etarios se encuentran en una situación que al menos para mi no es agradable.

Esa falta de criterio del adolescente actual se ve reflejada en los siguientes casos: por ejemplo, para ellos nada es interesante excepto algún carrete, fotolog o cuantos minos o minas te comiste el otro dí­a, pero hablar sobre contingencia, las noticias de anoche o comentar algún libro… olví­dalo, se aburren y te mandan a la cresta y después te andan pelando de que uno es “pollo” (palabra del diccionario urbano contemporáneo) porque habla puras weas que a ellos no les interesa. Y no falta también el estar en esas conversaciones de curso en la sala de clases en las que se discute un tema, en donde siempre hay uno que da la tesis y otra persona que esta en contra, sin embargo, nunca encontramos una visión distinta a la que dijo el otro… y es ahí­ donde nace esa maldita muletilla: “ehm, no sé… yo pienso lo mismo que él poh’…” del que responde forzadamente y repite en malas palabras lo mismo que dijo aquel que sí­ tiene una opinión auténtica.

Esta generación esta tan convencida que con la “revolución pingüina” la rompieron y le hicieron un bien a la comunidad que se les hincha el pecho cada vez que les toca hablar sobre el tema y te cuentan el cuento de que asistiendo a marchas, tomándose colegios, participando de paros y creerse el cuento de anarquistas (cuando los únicos anarquistas que conozco son los de la comunidad de Pirque) basta y sobra para cambiar el mundo. Y lo que pasa es que hasta este momento es aquel acontecimiento lo que nos marcó… un levantamiento general al peo, un tiro al aire, en donde los medios y el gobierno se culiaron a los secundarios por donde quisieron y aún así­ nos sentimos orgullosos de haber sido parte de un movimiento que si bien acaparó cámaras durante un buen tiempo nunca obtuvo la trascendencia que se esperaba, y si de algo sirvió (aparte de darle la idea a Bachelet de que creando comisiones se saca hartos cachos de encima) fue para darnos cuenta de que los Carabineros de Chile son tan o más conchas de su madre que la policí­a canadiense.

Lamentablemente nos tuvo que tocar a nosotros el vivir a costa de Coca - Cola, McDonalds y Microsoft, fue del 90′ en adelante cuando se abrieron las piernas de Chile al mundo y eso bastó para que el sistema anestesiara las ansí­as de un paí­s digno en toda esta juventud que vive plenamente como si nada malo pasara. Nos convertimos en una tuerca más de esa máquina que nos gobierna pero no aspiramos a nada más que eso… y es justamente aquella situación la que nos hace una generación perdida, la generación de los cómodos porque nacieron con un sistema ya armado y supuestamente no se tiene nada que corregir. Tenemos a una mal llamada “clase polí­tica” inepta e incapaz y nosotros… aún en las ramas, viviendo parejiiiito como si todo estuviera en perfecta armoní­a, respondiendo con un contundente: “no estoy ni ahí­” cuando nos preguntan sobre polí­tica, pero aunque no lo queramos tenemos que estar ahí­ porque si no somos nosotros los que tomen el toro por las astas mucho menos lo harán aquellos que nos anteceden.

En esta generación ya no se encuentra nada porqué luchar, no hay motivaciones por las cuales pensar en grande, no hay algo que los haga sentirse mas que esclavos de un fotolog, no hay nada que los anime a invertir su tiempo en reflexionar y buscar soluciones para un paí­s mejor… pero lo único que se atina a decir cuando se piensa en eso es : “ah, que fome“.

Es la generación perdida, el eslabón que rompió la cadena, la de los inconscientes y los embobados con lo fashion y lo bizarro. Esa que vive de la “distorsión“, esa misma que su sustento son ideas platónicas de revolución y que la única razón de su existencia es el Internet y las discoteques para “pokemones” que abren a las 3 de la tarde y cierran a las 9 de la noche, es la generación degenerada, degradada y trillada de la que sólo pocos logran romper su desperfilado esquema y si algo es realmente bueno es justamente aquello que nace de la cabeza de los que tienen la inteligencia, la perspicacia y la capacidad para marcar la diferencia.

martes, 11 de diciembre de 2007

Karkú, Amango y Bkn: Una cruel ironía mal contada

Por Alejandro González

No hay nada más salvaje que tener que ver a tempranas horas de la mañana la sección infantil de los programas de TV abierta, sin duda, el despertar de un día sábado con la parrilla televisiva matutina es una verdadera tortura luego de una ardua semana de intenso trabajo y estudio. Créanme que es tan desesperante que llegan a dar ganas de tener TV Cable... en serio, ¡es enfermante!.

De partida, no sé quien mierda es el pergenio que se cranea día y noche para salir con nombres tan estúpidos y sin ninguna lógica ni trascedencia para esos programillos: Tronia, Cubox, Invasión. ¿Qué mierda?, de seguro son palabras sacadas de algúna jerga juvenil extranjera que significan: Sexo, Drogas y Alcohol respectivamente, aunque, pensandolo bien, esto podría ser la explicación más cuerda del porqué los cabros de ahora andan en la para' del libertinaje.

Siguiendo con la misma tónica de nombres realmente imbéciles, están estas porquerías de teleseries juveniles: "Karkú, atrévete", "Amango", "Bkn"... por favor díganme qué mierda significan esas palabras, si es que se pueden llamar palabras a ese monton de letras sin cohesión ni sentido. Lo peor de todo es que esta totalmente aceptado, osea, hay gente que proporciona de rating a estos canales y no filosofa sobre una disyuntiva tan interesante como ésta, además, hay que considerar que la gracia de todo programa es tener un buen nombre para que tenga una percepción postiva de parte del público, por ejemplo: en el caso de la teleserie de canal 13: "Lola", ésta no hubiera tenido el éxito que tiene de no ser por el nombre que eligieron, ya que si en vez de "Lola, un hombre en cuerpo de mujer" le hubieran puesto: "Yarblokos, el amor no tiene sexo" (si es por ponerle nombres raros), su impácto mediático sería el mismo que el de esas teleseries venezolanas de media tarde que dan en el Mega.

Pasando a otro plano, no podemos negar que estas teleseries juveniles son la más cruel burla para la gran mayoría de sus jóvenes teleespectadores, osea... se entiende que las reglas televisivas no permiten poner como protagonista de una serie juvenil a Byron Pérez en un colegio de La Pobla City por una cuestión netamente estética, pero, ¿para qué irse al otro extremo?, ¿qué será de ese niñito que ve Bkn?, ¿para qué sacarle en cara de que no puede vivir en Lo barnechea e ir en el Colegio Pumahue si el pendejo no tiene la culpa de vivir en la Villa Santo Tomas y estudiar en el Liceo San Lucho?. Si ni siquiera puede tomarle el peso a todo ese contenido clasista, subliminal y maqueavélico de Mega mostrado siniestramente en esa serie juvenil llamada: Bkn (por etimología: bacán = caca de mono)... Realmente, una burla.

Y no podemas dejar pasar a Karkú (el nombre más estúpido de los 3 programas en cuestión): otro grupie-lais ABC1 que va en un colegio de primera, en el que se intenta plasmar la vida de un escolar, pero claro... la de uno que vive de Plaza Italia pa' arriba, y obviamente como ésta teleserie es transmitida por un canal pluralista (TVN), debe ser representativa en su totalidad, por lo que para estos efectos, los pubertos protagonistas también tienen una banda pop que triunfa en todo Chile y el mundo llamada: Six-Pack (otro nombre de mierda)... mira tú, algo que esta al alcance de todos los jovenes de este país.

Finalmente: Amango, el musical más plástico, sobreactuado y mal adaptado del país, sin embargo, no causa extrañezas, ya que proveniendo de un área dramática como la de Canal13 se puede esperar cualquier cosa -incluido el tener un alto rating-. No obstante, hay que reconocer que al menos ésta ha sido la única serie en donde han hecho el intento -fallido- de plasmar la realidad de una familia de clase media, en donde el hiperactivo y ocupado papá de una niña cantante, le miente a sus amigos de la academia que el es un doctor siendo que en realidad, es chofer de ambulancia de una clínica privada. Pero hay un pequeño gran detalle que pasan por alto y es que de los 9545 integrantes de la academia, es la única estirpe aproblemada económicamente junto a la del protagonista, para las demas... la vida es caballa y el descueve' (léase en cuico).

Como podemos ver, la televisión en Chile es ingrata y cínica, ya que, tal como a veces nos muestra realidades -tergiversadas-, también hay ocasiones -y que suelen ser la mayoría- en que nos muestra utopías que se convierten en vanos sueños imposibles de alcanzar para una familia promedio. Esta claro que las diferencias sociales ya están demasiado marcadas por una realidad tangible y palpable pero, no hace falta que unos programillas de tercera vengan a refregarle en la cara la calidad socio-económica a un público que en su mayoría es catalogado como C3, lo cual, realmente, es una burla para toda esa gente que busca en la TV un argumento propio de sí mismo y no el dirigido para un sector minoritario del país como lo es la aristocracia chilena.

Un país democrático no solo se hace con una política adecuada sino que también se construye en base a contenidos comunicacionales que también estén ad-hoc a la realidad del ciudadano común y corriente, sin embargo, por más que se critique desde esta perspectiva, a quién más debiera afectarle esta realidad, le da exactamente lo mismo, ya que para esa persona, lo que se muestra en la TV, no es más que un simple deseo platónico carente de cuestionamientos como los anteriormente mencionados, con lo cual podemos inferir y concluir que el efecto televisivo buscado con esta clase de series -y no solo infantiles- ha surtido efecto en el inconsciente colectivo de nuestra ciudadanía en general, provocando resignación, enajenamiento y desconocimiento sobre la verdadera intención comunicativa del emisor, en este caso, de la TV.

martes, 27 de noviembre de 2007

Teletón: Algo Más Que Unas Cuantas Lucas.

Por Alejandro González

El ser solidario no es fácil, requiere de sentimiento, sensatez y… dinero. Esto último bien lo saben esos 16 millones de chilenos que dependiendo del tamaño de su billetera harán el aporte para una obligación moral y comercial que ha perdurado durante 29 años en nuestro país… la Teletón.

Quién pensaría que este evento llegaría a calar tan hondo en el inconsciente de una nación entera. Quién se iba a imaginar que de unos modestos 84 millones de pesos tendríamos que llegar a la infinita meta de 11 mil 800 millones. Sea cual sea la cifra, estamos ad-portas de una nueva versión de esta cadena de buenas intenciones y desinterés constructivo, en donde, los medios se unen para llevar a cabo una hazaña de la que año a año nosotros somos también protagonistas.

Protagonistas fugaces de una vil mentira inventada, en la que todos nos creemos el cuento de que somos lo más bueno sobre la faz de la Tierra. Claro… para mí es fácil dar unas cuantas lucas para que los niñitos discapacitados puedan tener su silla de ruedas, sus bastones, sus prótesis o bien, para que reciban un tratamiento fructífero que los haga caminar, sin embargo, no es tan fácil el ver a esa misma gente en el paradero de la micro haciendo esfuerzos sobrehumanos para poder subir al bus del transantiago o cuando desea subir o bajar las escaleras del mall, del metro o de un edificio. Claramente, esa caridad expresada en dinero no se da de igual manera cuando tenemos a un tetrapléjico al frente de nuestras narices.

No me siento orgulloso de la Teletón, no me siento un buen hombre al dedicar 27 horas de amor a miles de niños incapacitados para caminar si los 364 días que restan me olvido sus existencias. Eso no es solidaridad, no es cariño, no es ser sensato… es ser un ente hipócrita, vacío e inconsecuente.

Ya lo sabe, este 30 de Noviembre y 1 de Diciembre la cosa no sólo se trata de abrir las billeteras, sino que también va por abrir nuestros corazones. Un ser humano puede dar mucho más que solo un par de lucas, y esto no implica ser ajenos a una realidad que discrimina crudamente al discapacitado. Y si se llega a alcanzar la meta este año, no canten victoria sin antes tener la convicción de que la rehabilitación de ese niño incapacitado para poner sus pies sobre la tierra será llevada a cabo también por parte de uno, auxiliándolo, defendiéndolo y dándole mucho más que un depósito en el Banco de Chile.

martes, 13 de noviembre de 2007

El Cadaver Podrido del Anarquismo

Por Alejandro González

En la edición de Octubre del presente año de la revista “Rolling Stone” se publicó un reportaje dedicado a los grupos anarquistas de Chile y más específicamente a los de la capital, si, los que más dejan la caga’. El artículo que se extiende por más de dos páginas se tituló: “Anarquismo Chileno: La verdadera oposición”, en donde se entrevista a los voceros del CRA o Corriente Revolución Anarquista, que siendo uno de los movimientos más célebres de esta ideología dentro del marco de las manifestaciones populares por sus peculiares vestimentas, lienzos y banderas de color negro, se dan el lujo de pasar por alto uno de los postulados esenciales del anarquismo, que es alejarse y evitar los medios de comunicación masivos accediendo a dar declaraciones a la susodicha revista, dejando en claro que este grupo de anarquistas de ser consecuentes… muy poco saben.

En la hoja siguiente, como broche de oro, se incluye una entrevista a Jorge Lizama, el diecinueveañero que se hizo famoso por apedrear y rayar el auto de la Ministra Gloria Ana Chevesich en medio de las movilizaciones por la conmemoración del 11 de Septiembre del 2006, en donde, evidentemente se intenta pintar como símbolo de esta corriente acrática al difamado adolescente. En resumen, un homenaje y defensa poco justificada a lo que es un movimiento en escencia rescatable, pero que como toda ideología al momento de llevarla a la praxis, resulta ser sólo un reflejo tergiversado de lo que es su naturaleza en el papel.

Como bien sabemos, la doctrina del anarquismo se define como el rechazo absoluto a toda forma jerárquica en la sociedad, siendo su principal enemigo el estado, el mercado, el gobierno y todo lo que este relacionado con aquello, de esta manera, sus implicancias serán el autosustento y el excluirse de la máquina capitalista-liberal que controla el sistema. Además, y tal como se describe la CRA (Corriente Revolución Anarquista) en el artículo de RS, su única forma de no quedarse en sólo palabras críticas para demostrar su repudio al sistema es la destrucción de lo que éste ha construido. A partir de este razonamiento se autojustifican los actos de vandalismo que suelen perpetrar, como el apedrear cada McDonalds que encuentren a su paso o saquear el primer banco que tengan frente a sus ojos.

Sin duda, el cometer esta clase de acciones no resulta ser muy agradable para la plebe en general: le molesta, lo rechaza y lo destruye a través de los medios, pero al fin y al cabo, y siguiendo con esta somera definición, por mucho que se les intente desprestigiar, quien incurre en el destruir un paradero o saquear una cadena de comida rápida, le da exactamente lo mismo y no le importa la opinión de la gente que si vive a costa del sistema que ellos rechazan tajantemente, y si esa opinión les importa un carajo, lo que diga la prensa o los medios de comunicación se lo pasan por donde más les quepa, sin embargo, a partir de esto último, llama tremendamente la atención que un colectivo libertario tan reputado como la CRA haya accedido a dar declaraciones a una revista como Rolling Stones, siendo que naturalmente, según lo medular de la teoría anarquista, deberían tener un total repudio hacia la prensa, por lo cual, deberían también mantener cierta distancia respecto a ésta dada su intrínseca complicidad y relación con el mundo globalizado capitalista del que tanto se aqueja y se lamenta un verdadero libertario.

No obstante, por muy consecuente que se muestre esta corriente mediante sus actos de contra-información, ultraviolencia y destrucción, según la tónica que se ha dado en estas últimas décadas, el resultado es siempre el mismo: paraderos rotos, una cuantas micros apedreadas, murallas rayadas, semáforos en el suelo, vidrios destrozados y unos cuantos saqueos a tiendas minoristas, que en vez de generarle problemas al gobierno, lo único que provocan son pérdidas a gente ordinaria y humilde que poco y nada tiene que ver con su objetivo que es el atentar contra el sistema.

Como se señala anteriormente, para la Corriente Revolución Anarquista, el quedarse sólo en palabras no es más que un acto mediocre cuando bien se podrían llevar acciones concretas al respecto, y para intentar hacer cumplir esta premisa, usan la violencia y los destrozos como su máxima maquinaria de reformación, sin embargo, se han ensañado tanto en destruir e instaurar una vorágine generalizada en el inconsciente colectivo, que el fin mismo del anarquismo se diluye en un mar de inconsecuencias que lo hacen progresivamente menos creíble a medida que pasa el tiempo.

Dados estos efectos, la prueba empírica de que el generar una presión al sistema a través del caos en la vía pública es tan o más mediocre que sólo criticar, es el ejemplo que nos impone la Comunidad Ecológica Espiritual de Pirque, muy cuestionada por acontecimientos indecorosos para la colectividad, pero que sin embargo, por mucho que la prensa y la gente critique su forma de llevar la vida, para ellos es la manera de demostrar de que no dependen de los cánones sociales establecidos y que tampoco requieren caer en la bajeza de ejercer la violencia y el exabrupto para expresar su enajenamiento, sino que simplemente se aíslan de una sociedad a la que se resignan de formar parte, siendo ellos los verdaderos anarquistas opositores y no un grupo de pubertos imberbes, encapuchados y cobardes como nos ha querido mostrar erróneamente la revista “Rolling Stone”, dándole el crédito de “verdadera oposición” a ellos, siendo que un grupo de seudo-hippies que viven un predio de Pirque están siendo mucho más consecuentes y sensatos con sus ideales que cualquier otra agrupación que se hace llamar anarquista.

Lamentablemente el anarquismo, al menos aquí en Chile, se ha rebajado a un nivel tan burdo y absurdo que ya ni siquiera posee la consistencia de una ideología digna de respetar, es más, incluso ya es una moda de la que jóvenes afanados con distorsionados ideales revolucionarios sacan provecho, colgándose ellos mismos (y condicionados también por los medios de comunicación) el cartel de “anarquistas”, involucionando de una filosofía sería y condensada a una simple tribu urbana más de las tantas existentes en nuestro país, siendo el anarquismo un cadáver podrido, y lo que hoy vemos pasa a ser una mera copia barata y mediocre de una doctrina que se deshace en el mismo momento en que el sistema se instaura.

viernes, 5 de octubre de 2007

Cuñas Políticas: Una Desbordante Dosis de Creatividad

Por Alejandro González

Días atrás el modesto y carismático ex-Ministro Vocero de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, renunció a su apoteósico cargo que ostentaba en el Palacio de La Moneda. El revuelo fue relativamente alto y bastó para que la pauta informativa tuviera un considerable quiebre con la precipitada noticia, pero dicho acontecimiento, quizás, no fue prescisamente exacerbado por la salida del sr. Lagos Weber, sino que más bien por la llegada de su reemplazo, Francisco Vidal, hasta ese entonces Director Ejecutivo de la estación de televisión estatal TVN.

A partir de este hecho y de los que se mencionan a continuación, podemos afirmar libremente que la política siempre estará plagada de lugares comunes, tanto física como retóricamente. Es así como las confrontaciones entre los dos bloques políticos que monopolizan este sistema hacen del status quo algo más agradable y simpático con sus salidas y, alejándose un poco de sus labores sustanciales, también nos deleitan con sus incursiones en los más recóndito de la lengua española como es el caso de Carlos Larraín, presidente de la Renovación Nacional, en donde acuña un nuevo término para el diccionario de frases clichés de la política chilena refiriendosé a la llegada de Francisco Vidal al gabinete de la Sra. Bachelet: "Partió la campaña a fondo de don Ricardo Lagos, me parece a mí, pero también aquí se inicia lo que yo llamaría el oposicidio". Con estas pueriles palabras se da comienzo a un nuevo round entre gobierno y oposición al escuchar la reacción de la Alianza ante el comienzo del "segundo tiempo" en el gobierno de turno, hablando en los metafóricos términos del Sr. Vidal.


No es hace poco que las palabras terminadas en "cidio" e "ismo" han invadido la pauta noticiosa y la limitada creatividad de quién osa en emitir y contribuir perogrullescamente a nutrir de nuevos conceptos a nuestro sincrético idioma. Basta evocar la ola de "femicidios" que tuvo lugar en nuestro país para dar licencia a distintos personajes públicos de utilizar éste concepto como fetiche para satisfacer su necesidad de responder a quién lo ataca con palabras... transgresoras, por así decirlo.

Basta recordar los dichos de la mismísima Presidenta de la República, Michelle Bachelet, al referirse a lo descarnado de las críticas que recibía de sus adversarios, calificando esas acciones como "femicidio político" haciendo referencia justamente a la noticia que era tema central de los noticieros en aquel entonces: el creciente número de asesinatos a mujeres en manos de los hombres... para que después no digan que la Presidenta no es creativa.


Cómo no mencionar la frase del año en cuánto a farandulería política se trata: "Yo me considero un Bacheletista-Alianzista". Una paradoja cornetera y rebuscada, que por cierto suena bastante bien. Un concepto bien elaborado y con una desbordante dosis de buenas intenciones que incluye en su mensaje una renovada concepción de la política, que lo más probable es que haya costado noches de insomnio y una enorme cantidad de ensayos previos a su declaración. Sin duda, un acierto conceptual de Joaquín Lavín que coopera abismalmente con la irrefutable mediocre calidad de las cuñas politiqueras existentes en nuestro país.
No podemos desconocer tampoco, la noble labor periodística al ayudarnos a entender de una manera diferente la realidad política que se esta desarrollando en el país. Claro ejemplo de ésto es el notable epíteto con el que caracterízan cierta tendencia del partido demócrata cristiano en función al color de pelo de uno de sus ex-líderes, Adolfo Zaldívar, colgándoles el cartel de "colorines". Realmente genial, a más de alguno le debe agradar esta manera de presentarnos a los partidos políticos del siglo XXI evocando a los clásicos de la historia de Chile aludiendo a los nombres con que los historiadores describieron a las tendencias liberales y conservadoras del siglo XIX en plena construcción de nuestra nación... "pipiolos" y "pelucones". Bravo por esta prensa retrógrada y caduca.

Así, entre otras simpáticas citas y situaciones, vemos como nacen nuevos exponentes de la cultura lingüística chilena. La más pura muestra de que en nuestro país la política no sólo se queda en discusiones y desencuentros, sino que también perfectamente es capaz de adentrarse en temáticas que no le imcumben de ningun modo. A todos esos académicos de la lengua de tercera, les damos las gracias por enriquscernos con ese cliché que tanto nos caracteriza, sin duda, han encontrado la manera de hacer de este país mucho más competente de lo que era hasta hoy.